"Trazos fuera de serie"
Gestualidad, matriz y complicidad: La obra gráfica de Samy Benmayor y Bororo
Abordar la obra gráfica de Samy Benmayor y Bororo implica adentrarse en uno de los capítulos más vitales y desencartonados de las artes visuales chilenas. Pertenecientes a la denominada Promoción de los 80 —grupo de creadores formado en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile que irrumpió con una propuesta distinta—, ambos artistas encarnaron la necesidad urgente de recuperar el goce del trazo, la pintura y la figura.
Frente al rigor conceptual imperante en la época, Benmayor y Bororo optaron por la subjetividad, el gesto desatado y la libertad expresiva. En este escenario, el grabado —una disciplina históricamente asociada a la precisión técnica, la pulcritud y el tiraje riguroso— no fue para ellos un espacio de restricción, sino un laboratorio de experimentación lúdica. Lejos de someterse a la solemnidad de la matriz, trasladaron al metal, la madera o la piedra litográfica la misma vorágine gestual que caracterizaba sus telas.
En las estampas de Benmayor reconocemos un lenguaje biomórfico, poético y teñido de un fino humor. Sus incisiones y manchas construyen una iconografía personal donde flotan personajes entrañables, objetos cotidianos y formas orgánicas, desplegados con una fluidez que equilibra el caos con el ritmo compositivo. Bororo, por su parte, aborda la matriz con una energía visceral e intuitiva; en su producción gráfica la línea es urgente, la mancha es compulsiva y el trazo desafía constantemente los límites del papel, traduciendo en tinta la inmediatez de la pintura neoexpresionista.
Sin embargo, el eje que articula y da sentido a esta producción gráfica es la profunda complicidad personal que une a ambos desde sus años de taller. Más que una coincidencia cronológica, la amistad entre Benmayor y Bororo ha operado como un catalizador estético: un diálogo sostenido en el afecto, el juego libre y la desmitificación de la figura del artista solemne. Compartir las prensas y los procesos de estampación significó convertir la gráfica en un territorio de complicidad, donde el error técnico se transforma en recurso plástico y la convivencia cotidiana alimenta la creación.
En definitiva, la obra gráfica de Benmayor y Bororo constituye un testimonio fundamental de la historia del grabado chileno contemporáneo: la demostración de que, aún en contextos adversos, la mancha compartida, el humor y la amistad entrañable son capaces de abrir un espacio inexpugnable de libertad.